En el corazón de nuestro nombre como iglesia, «Semilla de Mostaza», se encuentra una de las parábolas más poderosas y alentadoras que Jesús enseñó. En Mateo 13, Jesús nos dice que el Reino de los Cielos es como una semilla de mostaza, que siendo la más pequeña de todas las semillas, cuando crece se convierte en el más grande de los arbustos, ofreciendo refugio a las aves del cielo. A menudo, podemos sentir que nuestra fe es insignificante. Miramos los desafíos gigantes que enfrentamos en nuestra vida personal, en nuestra familia o en nuestra sociedad, y nos preguntamos: ¿Qué puedo hacer yo? ¿De qué sirve mi pequeña oración, mi pequeño acto de bondad, mi fe vacilante? La respuesta de Jesús es clara: nunca subestimes el poder de un comienzo pequeño cuando está en las manos de un Dios grande.