Que fue escrita por hombres inspirados en forma divina y única, que es absolutamente confiable y que tiene la autoridad suprema en todos los aspectos de fe y conducta.
Creador del cielo y de la tierra, perfecto en santidad, con sabiduría infinita, con poder inmensurable. Nos regocijamos de que Él se ocupe con misericordia de los asuntos de los hombres, que oiga y responda a las oraciones, y que salve del pecado y de la muerte a todos los que vienen a Él a través de Jesucristo.
El Hijo unigénito de Dios, concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María, sin pecado en Su vida, y que hizo un sacrificio por el pecado del mundo a través de Su muerte en la cruz. Creemos en Su resurrección corporal, Su ascensión al cielo, Su intercesión como Sumo Sacerdote a favor de Su pueblo, y Su retorno personal y visible al mundo, de acuerdo a Su promesa.
Pero que «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» (Juan 3:16, RV.) Creemos, por lo tanto, que aquellos que acepten a Cristo como su Señor y Salvador se regocijarán por siempre en la presencia de Dios y aquellos que rehúsen aceptar a Cristo como Señor y Salvador serán separados de Dios para siempre.
El cual provino de Dios para convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio, y para regenerar, santificar y confortar a aquellos que creen en Jesucristo.
del cual Cristo es la Cabeza y del cual toda persona regenerada es miembro. Creemos que una iglesia visible es una compañía de creyentes en Jesucristo, enterrados con Él en el bautismo, y asociados para alabar, trabajar, y tener compañerismo. Creemos que a estas iglesias visibles se les encomendó que observaran «hasta que Él venga» las ordenanzas del bautismo y de la Cena del Señor, y que Dios ha encargado a estas iglesias la labor de persuadir a un mundo perdido que acepte a Jesucristo como Salvador y coronarlo como Señor y Maestro. Creemos que el mejoramiento humano y que el avance social son resultados esenciales del Evangelio.
ante Dios exclusivamente en todos los aspectos de la fe.
Y que debe estar libre de interferencias de cualquier autoridad eclesiástica o política; que, por lo tanto, la Iglesia y el Estado deben mantenerse separados ya que tienen diferentes funciones, cada uno llevando a cabo sus funciones libres de los dictados o intervenciones del otro.
